La rentabilidad agropecuaria, en un mar de especulaciones

Datos desalentadores atraviesan la actividad agropecuaria, en el marco de la crisis financiera mundial. Decaen las perspectivas de ganancias para los productores…

La búsqueda de rentabilidad agropecuaria desvela a la actividad agrícola argentina, zarandeada en un mar volátil cada vez más denso de cambio climático, al compás de los precios de los commodities que bajan y suben, y sumergida en la crisis financiera mundial.
Algunos de los datos en este ciclo de negocios agropecuarios son muy desalentadores, signados por la necesidad de supervivencia a toda costa.
Por ejemplo, para obtener un margen bruto por hectárea de mil pesos se requiere obtener en soja de primera implantación un 40 por ciento más de rindes, y para el trigo hay que producir unas 4,6 toneladas de grano por hectárea, pero el estado climático y la nula tecnología transforman esos índices en una utopía para el 80 por ciento de los productores.
A medida que la campaña 2008-2009 sigue su curso, las perspectivas decaen porque los márgenes agropecuarios se achican y las áreas sembradas también.
El trigo descendió un 42 por ciento en superficie implantada: el sol quemó buena parte de los cultivos en los últimos días y perjudicó los potenciales rindes. Con soja fueron sembradas unas 700 mil hectáreas.
Los deseos de que la recesión no golpee a la agricultura argentina se hundieron porque ésta navega diariamente, entre especulaciones y precios de pizarra, con una muy limitada cantidad operaciones granarias.

EN BAJA. Se estima que la rentabilidad de la soja bajó en seis meses casi un 25 por ciento, mientras que las del girasol, maíz y trigo, en promedio, cayeron un 50 por ciento, porque subieron los costos de los insumos que necesitan.
Según datos de la Fundación Mediterránea, el problema es que en noviembre el descenso continúa y amenaza perforar el promedio del año pasado.
Las materias primas (commodities) representan el 40,5 por ciento de las exportaciones y el año pasado se vendieron al exterior 55.782 millones de dólares, con un precio de la soja a 384 dólares, la tonelada. Este año, el país iba a crecer, pero no superará esos mismos números.
La crisis financiera y la huida de los fondos de inversión hacia terrenos más seguros como el oro y el diamante dejó los surcos financieros vacíos.
A pesar de que es deseable la rotación en los campos y la diversificación de cultivos, el proceso en marcha es concentrador.
En este sentido, hay una fuerte tendencia a adquirir lotes destinados a la ganadería en la zona árida y semiárida donde crecen stocks ganaderos. En San Luis, los valores oscilan entre 1.000 y 4.000 dólares la hectárea.
La lechería y la ganadería agobiadas por índices negativos atraviesan una etapa de liquidación de vientres y de excedentes de stocks de leche y quesería.
El problema actual para los productores agropecuarios es salvar lo que se pueda en una incierta campaña agrícola, que para algunos analistas ya está perdida de antemano por la rentabilidad negativa y por la escasez de precipitaciones en el ciclo agrícola.

El Diario

felipegonzalezvergara@gmail.com

 

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